Washington.- El traspaso de Luka Doncic a Los Angeles Lakers sacudió los cimientos de la NBA y marcó el arranque de un 2025 tan imprevisible como intenso, un año en el que los Oklahoma City Thunder desafiaron la lógica antidinastías de la liga y en el que Adam Silver dirigió su mirada hacia Europa con la ambición de impulsar una nueva competición en el viejo continente.
Era la madrugada del 2 de febrero cuando saltaron todas las alarmas. Shams Charania, una de las fuentes más fiables del baloncesto estadounidense, informó de que los Dallas Mavericks traspasaban a su estrella, Luka Doncic, a Los Angeles Lakers a cambio de Anthony Davis.
El traspaso, casi inexplicable, llevó a muchos a pensar que se trataba de una broma o, incluso, de que a Charania le habían ‘hackeado’ el teléfono. Doncic se encontraba en la cama, a punto de quedarse dormido, cuando recibió la noticia.
Meses después, en noviembre, el propietario de los Mavericks, Patrick Dumont, sucumbió a la presión y destituyó al mánager general Nico Harrison, señalado como el principal artífice de una operación catastrófica que la afición nunca llegó a perdonar.
Tras la salida de Doncic a los Lakers, los ‘Mavs’ protagonizaron una sorpresa mayúscula al ganar la lotería del ‘draft’ con solo un 1,8 % de opciones, desatando todo tipo de especulaciones. Harrison eligió a Cooper Flagg, uno de los mayores prodigios del baloncesto universitario que despierta grandes expectativas.
Dinastía en Oklahoma
El año 2025 también coronó a un nuevo campeón de la NBA, los Oklahoma City Thunder liderados por Shai Gilgeous-Alexander, elegido ‘MVP’ de la temporada regular y de las Finales.
Una franquicia joven, construida desde el draft, que ha logrado retener a sus principales piezas -Jalen Williams y Chet Holmgren- y sentar las bases de un proyecto a largo plazo, desafiando las estrictas normas financieras que dificultan la formación de dinastías en la liga.
